Atravesando Georgia del Sur
La llegada del James Caird a la bahía Rey Haakon fue seguida por un periodo de necesario descanso y recuperación, mientras Shackleton reflexionaba sobre el próximo movimiento. La poblada estación ballenera de Georgia del Sur estaba en la costa norte.
Llegar allí obligaba a hacer otro viaje en barco en torno a la isla o a una travesía por tierra a través de su interior inexplorado. Las condiciones del James Caird y el estado físico de la tripulación, especialmente Vincent y McNish, significaba que sólo la segunda de estas opciones era viable. Después de cinco días, la tripulación se desplazó en el barco una distancia corta hacia el este, al cabo de una profunda bahía que sería el punto de partida para la travesía.
Shackleton, Worsley y Crean emprenderían el viaje por tierra, y "los otros se quedaron" en lo que bautizaron como "Peggotty Camp", de donde serían recogidos más tarde por un barco. Una tormenta el 18 de mayo retrasó su comienzo, pero a las dos en punto de la madrugada siguiente el tiempo estaba claro y tranquilo, y una hora más tarde el grupo inició la travesía.
Sin un mapa, la ruta que escogieron fue una conjetura. Antes del alba habían ascendido a 910 metros y se podía ver la costa norte. Estaban encima de la bahía Possession, cosa que quería decir que estaban demasiado hacia el oeste y necesitarían moverse hacia el este para llegar a Stromness, la estación ballenera de destino.
Eso significaba hacer el primero de los diversos rodeos que alargarían el viaje y frustrarían a los hombres. Al final de aquel primer día, necesitaban bajar al valle que tenían debajo antes de caer la noche, y se arriesgaron deslizándose por una vertiente con un improvisado trineo hecho con una cuerda. No se plantearon descansar -viajaban a la luz de la luna- moviéndose hacia arriba, hacia la próxima cadena montañosa.
El día siguiente de buena mañana, viendo Husvik por debajo de ellos, sabían que estaban en el buen camino. A las siete en punto de la mañana oyeron el sonido del silbato de vapor de la estación ballenera, "el primer sonido creado por un ser humano de fuera que había llegado a nuestros oídos desde que nos marchamos de la bahía de Stromness en diciembre de 1914". Después de un difícil descenso, que comportaba bajar por una cascada helada, por fin llegaban a un lugar seguro.
Shackleton, que no era un hombre religioso, escribió más tarde: "No tengo duda de que la providencia nos ha guiado ... Yo sé que durante aquella larga y terrible marcha de treinta y seis horas sobre las montañas sin nombre y glaciares, a menudo me parecía que éramos cuatro y no tres". Esta imagen de un cuarto viajero -repetida por Worsley y Crean- fue recogida por T. S. Eliot en su poema La tierra yerma.
Rescate:
La primera tarea de Shackleton al llegar a la estación Stromness fue pedir que sus tres compañeros en Peggoty Camp fueran recogidos. Se envió un ballenero rodeando la isla, con Worsley a bordo para mostrar el camino, y antes de la noche del 21 de mayo los seis miembros de la tripulación del James Caird estaban en lugar seguro.
Hicieron falta cuatro intentos antes de que Shackleton pudiera regresar a la isla Elefante para rescatar al grupo que se había quedado allí. Primero lo intentó sólo tres días después de llegar a Georgia del Sur, después de asegurarse el uso de un gran ballenero, el Cielo del Sur, que estaba atracado en Husvik harbour.
Shackleton reunió a una tripulación de voluntarios preparada para navegar la mañana del 22 de mayo. Cuando el barco se acercaba a la isla Elefante, encontraron una barrera impenetrable de hielo a unos 110 kilómetros de ella. El Cielo del Sur no era un rompehielos y se retiró a Puerto Stanley, en las islas Malvinas.
Al llegar a Puerto Stanley, Shackleton informó a Londres por cable del sitio donde estaban, y pidió que un barco adecuado fuera enviado hacia el sur para la operación de rescate. El almirantazgo le informó que no había nada disponible antes de octubre, que, en su opinión, era demasiado tarde.
Entonces, con la ayuda del ministerio británico en Montevideo, Shackleton consiguió del Gobierno de Uruguay el préstamo de un barco de arrastre resistente, el Instituto de Pesca Nº. 1, capitaneado por Ruperto Elichiribehety, que marchó hacia el sur el 8 de junio.
Otra vez el hielo frustraría sus planes. En busca de otro barco, Shackleton, Worsley y Crean viajaron a Punta Arenas, en Chile, donde encontraron a Allan MacDonald, propietario británico de la goleta Emma. McDonald equipó este barco para otro intento de rescate que partió el 12 de julio, pero con el mismo resultado negativo -la barrera de hielo volvió a impedirles el acceso otra vez.
Ya estaban a mediados de agosto cuando Shackleton le solicitó auxilio al Gobierno chileno, y es acá donde aparece en la escena un personaje tranquilo y reservado, lo opuesto al ampuloso y exuberante británico. Marino de la escuela de pilotines, el piloto 2° Luis Pardo Villalón, quien se ofreció voluntario para la peligrosa misión. "Yó y mi tripulación".
El barco, un viejo y pequeño Yelcho, de la Armada de Chile, un barco de vapor pequeño pero muy potente y resistente, con casco de metal y no contaba con radio, alumbrado eléctrico ni sistema alguno de telecomunicación; ni menos calefacción; además de que había ayudado al Emma durante el intento previo.
Los barcos antárticos debían tener casco de madera para absorber los golpes de esas rocas flotantes que regaban los mares polares. Ya el 25 de agosto el Yelcho, al mando del capitán Luis Pardo Villalón, marchó a la isla Elefante. Esta vez, como escribió Shackleton, la providencia les favorecía. El mar estaba abierto y el barco se pudo acercar a la orilla de la isla, con una densa niebla. A las 11:40 del 30 de agosto la niebla se abrió, el campo se distinguía y en una hora toda la tripulación de la isla Elefante estaba a bordo, navegando hacia Punta Arenas.
El grupo de la isla Elefante:
Después de que Shackleton se marchara con el James Caird, Frank Wild tomó el mando del grupo de la isla Elefante, parte del cual se encontraba en pésimo estado físico y mental. La primera necesidad era un refugio permanente contra el invierno del sur que rápidamente se acercaba.
A sugerencia de Marston y Lionel Greenstreet, se improvisó una cabaña (con el sobrenombre de "Snuggery") tumbando los dos barcos y colocándolos sobre unos muros de piedra para proporcionar un espacio lo bastante alto para estar dentro. Por medio de lonas y otros materiales se consiguió hacerlo un tanto impermeable.
Era un refugio duro pero efectivo. Nadie sabía cuánto tiempo tendrían que esperar el rescate. Wild, muy optimista, al principio preveía que sería un mes aproximadamente, y rechazaba almacenar carne de foca y pingüino para un largo periodo, porque eso, según su opinión, era derrotista. Esta actitud llevaba a desacuerdos agudos con Thomas Orde-Lees. Orde-Lees no era un hombre popular, y su presencia aparentemente hacía poco por mejorar la moral de sus compañeros, a menos que fuera como blanco de sus chistes.
Wild hacía lo que podía para establecer y mantener rutinas y actividades que aliviaran el tedio, mientras las semanas pasaban y la espera se extendía más allá de su optimista previsión inicial. Se estableció una vigilancia para la llegada supuestamente inminente del barco de rescate, turnos de cocina y de limpieza, y hacían salidas para cazar focas y pingüinos. se hacían conciertos los sábados y se celebraban los cumpleaños, pero nada podía detener la sensación creciente de abatimiento mientras los meses pasaban sin que hubiera signos del barco.
Los dedos del pie izquierdo de Blackborow se gangrenaron por congelación, y el 15 de junio tuvieron que ser amputados por los cirujanos Macklin y James McIlroy en la cabaña, iluminada con velas. Utilizando los restos del cloroformo que se había conservado en los suministros médicos, la operación duró 55 minutos y fue un éxito total.
El 23 de agosto, las decisiones de Wild con respecto a los alimentos se demostraron que eran erróneas. El mar circundante era denso, con banquisas que detendrían cualquier barco de rescate; los suministros alimenticios se estaban acabando y ningún pingüino se acercaba a tierra. Orde-Lees escribió: "Nos tendremos que comer a aquél que muera primero [...] hay mucho de cierto, decía en broma".
Los pensamientos de Wild se iban orientando seriamente hacia la posibilidad de hacer un viaje en barco a la isla Decepción (planeó marcharse el 5 de octubre con la esperanza de cruzarse con algún ballenero cuando, el 30 de agosto de 1916, el calvario se acabó de golpe con la aparición de la "Yelcho", que, sorteando el mar antártico en pleno invierno, embarcó a los náufragos y los condujo a salvo hasta la ciudad de Punta Arenas.
El equipo del mar de Ross:
El Aurora dejó Hobart el 24 de diciembre de 1914, habiéndose retrasado en Australia por problemas financieros y organizativos. Su llegada al estrecho de McMurdo el 15 de enero de 1915 fue más tarde de lo que estaba planeado, pero el comandante de la nave, Aeneas Mackintosh, hizo planes inmediatos para un viaje para dejar un almacén en la barrera de hielo Ross, pensando en Shackleton que estaría realizando su planeada travesía desde el mar de Weddell.
Ni los hombres ni los perros se aclimataron, y la tripulación era, globalmente, muy inexperta en las condiciones del hielo. Este primer viaje al hielo causó la pérdida de diez de los dieciocho perros, un almacén incompleto, y dejó al grupo de tierra bastante desmoralizado.
Lo peor llegó en mayo, cuando el Aurora, anclado en la base del cabo Evans, fue desplazado mar adentro durante un vendaval y no pudo volver porque lo atrapó un bloque de hielo. Avanzó con el hielo hasta el 12 de febrero de 1916, una distancia de unos 2600 kilómetros, antes de liberarse y llegar en muy mal estado a Nueva Zelanda.
El barco llevaba la mayor parte del combustible de la tripulación de costa, raciones alimenticias, ropa y equipo, aunque afortunadamente las raciones que iban en trineo para los almacenes se habían desembarcado en tierra. Sin embargo, para continuar su misión el equipo abandonado en la costa tuvo que proveerse y equiparse con restos abandonados de expediciones anteriores, especialmente de la expedición Terra Nova de Robert Falcon Scott.
Gracias a las ingeniosas improvisaciones de la tripulación, la preparación del almacén de la segunda temporada empezó según estaba previsto, en septiembre de 1915.
Durante los meses siguientes y con un esfuerzo supremo, se instalaron los almacenes previstos a lo largo de la barrera de hielo de Ross hasta el glaciar Beardmore. En el viaje de regreso, el grupo entero tuvo un ataque de escorbuto.
Durante la lucha para regresar a la base Arnold Spencer-Smith, el capellán de la expedición y fotógrafo cayó y murió en el hielo. El resto llegó al refugio provisional de punto de Cabañas, donde se recuperaron. El 8 de mayo de 1916 Mackintosh y Hayward decidían caminar a través del inestable mar de hielo hacia el cabo Evans, pero fueron engullidos por una nevasca y no se los volvió a ver.
Los siete supervivientes tuvieron que pasar ocho meses más de dificultades antes de que el 10 de enero de 1917 llegara el Aurora, que había sido reparado en Nueva Zelanda, y los devolviera a la civilización.
Shackleton acompañó al Aurora como un oficial más, porque los Gobiernos de Nueva Zelanda, Australia y Gran Bretaña, que eran los que organizaban el rescate, le negaron el mando. Así participó en los rescates de las dos partes de su expedición, pero su actitud caprichosa en los preparativos iniciales para organizar el equipo del mar de Ross se habían vuelto en contra de él.
A pesar de sus comienzos caóticos, su desorden, la pérdida desastrosa del Aurora y las tres muertes, el equipo del mar de Ross fue la única parte de la expedición que cumplió entera su misión original, aunque los fracasos del equipo del mar de Weddell significaron que habían hecho un trabajo inútil.
Regreso a la civilización:
La tripulación rescatada, que había tenido su último contacto con la civilización en 1914, no era consciente del curso de la Primera Guerra Mundial. Las noticias de la llegada de Shackleton a las Malvinas eclipsaron brevemente las noticias de guerra en los diarios británicos el 2 de junio de 1916. La expedición volvía a casa de manera gradual, en un momento crítico de la guerra, sin los honores normales ni recepciones ciudadanas.
Cuando finalmente el mismo Shackleton llegó a Inglaterra, el 29 de mayo de 1917, después de una corta gira de conferencias por América, su regreso pasó casi desapercibido.
La mayoría de los miembros de la expedición se enrolaron inmediatamente como militares activos o al servicio naval. Antes de que la guerra se acabara, dos de ellos -Timo McCarthy y el veterano marinero Alfred Cheetham- habían muerto en acción, y Ernest Wild, del equipo del mar de Ross, había muerto de fiebre tifoidea mientras servía en el Mediterráneo. Otros fueron heridos de gravedad, y muchos recibieron condecoraciones al valor.
Después de una misión de propaganda en Buenos Aires, Shackleton, durante las últimas semanas de la guerra, estuvo al servicio especial en Múrmansk, con el grado de comandante del ejército. Eso lo ocuparía hasta marzo de 1919.
Después organizó la última expedición antártica, la Expedición Shackleton–Rowett, con el Quest, que dejó Londres el 17 de septiembre de 1921. Shackleton murió de un ataque cardíaco el 5 de enero de 1922, mientras el Quest estaba anclado en Georgia del Sur.
Wild, Worsley, Macklin, McIlroy, Hussey Alexander Kerr, Thomas McLeod y el cocinero Charles Green, del Endurance, navegaban con el Quest. Después de la muerte de Shackleton, el proyecto original de la expedición, que incluía una exploración de la Tierra de Enderby, fue abandonado. Wild hizo una breve travesía para acercarse a la isla Elefante y anclaron delante del cabo Wild, desde donde podían ver los viejos signos de su estancia, pero las condiciones del mar hicieron imposible desembarcar.
Tuvieron que pasar más de cuarenta años antes de que se culminara la primera travesía de la Antártida, que hizo la expedición transantártica de la Commonwealth entre 1955-1958. Esta expedición empezó desde la bahía de Vahsel siguiendo una ruta que evitaba el glaciar Beardmore. Pasó por fuera de la barrera de hielo de Ross y llegó al estrecho de McMurdo después de hacer el descenso por el glaciar Skelton. El viaje entero duró noventa y ocho días.
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Expedición a la Antártida